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El vertedero de la discordia

El alcalde ve en él un impulso para el pueblo y parte de los vecinos lo rechazanEl pueblo de Celadas está dividido. De un lado, los que ven en el vertedero de resi­duos industriales no peligrosos proyectado allí un foco de problemas con pocos o ningún beneficio; de otro los que piensan en los puestos de trabajo y el dinero que percibirá el Ayuntamiento por alquilar los terrenos du­rante 25 años. Mientras unos y otros se pronuncian, Me­dio Ambiente prepara la Evaluación de Impacto Am­biental, que incluirá varias alternativas para una instala­ción que debe estar en un ra­dio de 35 kilómetros de la capital.

Uno de los requisitos que exigía el Gobierno de Ara­gón a la empresa a la hora de presentar el proyecto de construcción del vertedero de residuos industriales no peligrosos era tener el res­paldo municipal. La iniciati­va contaba con el apoyo unánime de la corporación —integrada por tres ediles del Partido Socialista, dos del Partido Popular y otros dos del Partido Aragonés- que se pronunció en un pleno ce­lebrado en el año 2006.

Sin embargo, ahora han aparecido voces discordan­tes en el pueblo —hay hasta una plataforma para reivin­dicar que la instalación no se ubique en Celadas—, entre los miembros de la corpora­ción municipal e incluso en el seno del equipo de gobier­no. La basura está mal vista y aunque a este vertedero solo llegarán —según asegu­ran desde el Gobierno de Aragón— los residuos de las industrias que ahora se tiran en vertederos urbanos, mu­chos vecinos se niegan a re­cibir unos residuos que ellos no generan.

El alcalde, Antonio An­drés (PSOE), señala que su misión es “pensar en el futu­ro del pueblo” y matiza que en la instalación “no hay trampa ni cartón”. Destaca que “tal y como va el pue­blo, en 15 o 20 años no que­darán críos, y con esto po­dríamos aguantar el tirón”. Mientras, la portavoz del Partido Popular en el consis­torio de Celadas, Raquel Clemente, ve en el vertedero una hipoteca para el futuro de la localidad: “Vamos a perder todo lo que ahora es­tamos disfrutando y tene­mos”, asegura.

Los orígenes

El máximo responsable mu­nicipal, que era concejal cuando se votó el plantea­miento de la empresa, re­cuerda que “en su momento nos pareció una oportunidad para el pueblo, tanto económica como por los puestos de trabajo”. Entonces gobernaba el también socialista Celesti­no Utrillas, que en la pro­puesta para el vertedero con­tó con el apoyo unánime de todos los ediles, incluido Delfín Esteban, del Partido Popular, que ahora continua en el consistorio.

Utrillas, que ahora sigue siendo concejal del PSOE, comenta al respecto que “to­dos los concejales tenían la misma información” y preci­sa que “ahora la gente dice que no lo sabía, pero tenía sus concejales para saberlo”.

El edil socialista recuerda que la oferta era de 30.000 euros anuales más 0,30 cén­timos por cada tonelada ver­tida en las instalaciones.

El alquiler de los terrenos

Precisamente, otra de las di­vergencias entre Andrés y la oposición está en el dinero que pagará la empresa por instalarse en Celadas, ya que el acuerdo recoge que la em­presa abone 10.100 euros al año, según dice el responsa­ble municipal. Clemente ma­tiza que en el contrato figura una cuantía de 6.000 euros al año y lamenta que Antonio Andrés “venda al pueblo” por esa cifra. “Solo la recogida de los residuos domésticos de las 120 casas cuesta 6.200 eu­ros anuales”, puntualiza.

El alcalde reconoce que la oferta inicial era más cuan­tiosa, pero matiza que la em­presa no cedió en la negocia­ción: “Vi que posiblemente se fueran a otro sitio si les apretábamos y decidí luchar por los puestos de trabajo”, justifica el primer edil.

En el vertedero trabajarán 13 personas, una cifra “nece­saria” para hacer frente tanto

a los trámites administrati­vos como al almacenamien­to de los residuos según apuntan desde Medio Am­biente. El vertedero será la empresa más grande de un pueblo en el que ahora solo hay otras dos, una con ocho trabajadores y otra con dos.

Para Raquel Clemente es­ta contraprestación “no está recogida en ningún contra­to” y duda de la capacidad de negociación del alcalde: “Los 30.000 euros anuales estaban por escrito y se han perdido”, critica. La Plata­forma Celadas No al Verte­dero añade que “los empleos desaparecerán en 25 años y los vertidos permanecerán ahí para siempre”.

Cuestiones políticas

La directora general de Cali­dad Ambiental y Cambio Climático del Gobierno de Aragón, Marina Sevilla, apunta que el vertedero pue­de ser un polo de atracción de empleo: “Las empresas se instalan donde tienen servi­cios básicos y los problemas ambientales resueltos”, dice.

Desde el Partido Popular en Celadas dicen que su opi­nión sobre el vertedero no tiene ningún matiz político: “Nosotros tenemos que estar con lo que la gente del pue­blo quiera”, concluye rotun­da Raquel Clemente. Pero Antonio Andrés comenta que la oposición ha aprove­chado la oportunidad para obtener un apoyo en las ur­nas que no tiene “desde 1979″, puntualiza el alcalde.

La selección de Celadas se debe a su cercanía a los focos industriales

El emplazamiento cumple todas las garantías-de seguridad según los técnicos

La elección de Celadas para la ubicación del vertedero de residuos industriales no peli­grosos previsto en el Plan Gira (Gestión Industrial de los Residuos Industriales de Aragón) para la provincia de Teruel —Zona III— se debe a su situación estratégica. Así, según el departamento de Medio Ambiente del Gobier­no de Aragón, la localidad se encuentra en el centro del triángulo de producción exis­tente entre Gúdar-Javalambre, Sierra de Albarracín y Comunidad de Teruel.

En la convocatoria públi­ca se establecía que la insta­lación debía estar en un radio de 35 kilómetros alrededor de Teruel y las tres empresas que presentaron proyectos y debían proponían emplaza­mientos apostaron por Pera­les del Alfambra, Tortajada y Celadas.

Ajuicio de los técnicos, la zona donde está previsto ins­talarlo está “a la distancia óp­tima” ya que, “desplazar los residuos más lejos supondría encarecer el coste de los pro­ductores”. La ciudad de Te­ruel produce un tercio de los vertidos no peligrosos proce­dentes de industrias que se generan en toda la comarca. “Celadas cumple perfecta­mente las exigencias del plie­go”, comenta Marina Sevilla, directora general de Calidad Ambiental y Cambio Climáti­co. Además, añade, “está den­tro del radio de acción donde más residuos se generan”.

Los datos

Las comarcas que más resi­duos produce —sin contar los de las centrales térmicas— son Comunidad de Teruel (56.910 toneladas al año); Gúdar-Javalambre (53.587) y Sierra de Alba­rracín (53.309). De lejos les si­guen Maestraz­go, Jiloca, An­dorra Sierra de Arcos y Cuen­cas Mineras, se­gún los datos publicados en el Plan Gira.

Por otra parte, Bajo Ara­gón, Bajo Martín y Matarraña trasladarán sus vertidos industriales no peligrosos al basurero de la zona IV, ubi­cado en la provincia de Zara­goza, ya que está más próximo que el de Celadas.

Si se incluyen los residuos no peligrosos de las centrales térmicas, a la cabeza de Te­ruel y de todo Aragón se si­túa Andorra-Sierra de Arcos (con más de 1,2 millones de toneladas), pero desde Medio

Ambiente apuntan que el ma­terial sobrante de esta indus­tria, principalmente cenizas, se gestión en los denomina­dos mono-vertederos.

Según fuentes del Gobier­no de Aragón, el centro de re­siduos planteado en Celadas cumple con todas las garantías de seguridad, que ya se analizaron en el momento de adjudicar el proyecto. Sin embargo, se van a realizar es­tudios más pormenorizados de los que exige la ley sobre hidrogeología, aunque estos trabajos responden más a la presión social y al interés por dar seguridad al ciudadano que a cuestiones técnicas, se­gún reconocen desde Medio Ambiente. De todas formas, Se­villa, apunta al respecto que la insta­lación “está sometida al máximo control des­de el punto de vista procedimental y ambiental”.

Estas justificaciones no son suficientes para la Plata­forma Celadas No al Verte­dero, cuyos miembros ad­vierten que el emplazamiento es peligroso: “En el año 1963 cayó una tromba de agua en esa zona y la rambla del pue­blo se desbordó y derrumbó varias casas”, comenta José Antonio Fuertes, miembro de la coordinadora. Temen que las balsas de lixiviados que se formen a causa del verte­dero se filtren con las lluvias

y acaben perjudicando a los acuíferos y la población.

El procedimiento de De­claración de Impacto Am­biental incluye, como es ha­bitual en este trámite, la pro­puesta de dos posibles alter­nativas de ubicación. Estos emplazamientos deberán ser estudiados con detalle para comparar si, técnicamente, son mejores que el previsto en un inicio para instalar el vertedero. Entre las alterna­tivas que estudiarán, según comentó el alcalde, Antonio Andrés, se encuentra el ba­rranco Antonino y la zona Portillos.

El proyecto se adjudicó a finales de 2008 por 35,6 mi­llones de euros a la Unión

Temporal de Empresas (UTE) Marcor Ebro S.A y Urbaser S.A. y consistirá en un vertedero, planta de tratamiento e instalaciones auxi­liares.

Los materiales

Los materiales que llegarán a Celadas son los generados en industrias de varias comarcas turolenses y de la zaragozana Campo de Daroca. De forma muy gráfica, responsables de Medio Ambiente indican: “Si te comes una cereza en casa, el hueso irá al vertedero de residuos sólidos urbanos, pe­ro si esa misma cereza se usa en una industria alimentaria, el hueso se lleva a un verte­dero de residuos industriales no peligrosos”. La principal diferencia entre un basurero y otro radica en que al de in­dustrias va poca materia orgánica -solo la procedente de empresas agroalimentarias-. Envases, restos de se­rrín, plásticos o metales son algunos de los materiales que se depositarán en la ins­talación de Celadas, según indican desde el Gobierno de Aragón.

M. C. A./Teruel

Diario de Teruel

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