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La Corona de Aragón y los condados catalanes



La apertura, en la abadía cisterciense del Real Monasterio de Santes Creus del término municipal de Aiguamurcia (Tarragona), del sarcófago de Pedro III el Grande de Aragón, primer monarca de la Corona de Aragón que recibió sepultura en dicho monasterio, ha puesto en candelero la obsesión de ciertos sectores catalanistas, pretendiendo alterar el pasado de su historia, ideando algunos dogmas de falsedad contrastada. Plantean la denominación de este rey como Pere II el Grand, sin mencionar la Corona de Aragón, haciendo mención, descaradamente, a una inexistente corona catalanoaragonesa. Podría aceptarse con muchas reservas el orden de Pere II, pero olvidan, manipulan y fabulan, continuadamente, por intereses nacionalistas mal entendidos, llegando a posiciones ultramontanas.
La mayoría de la prensa catalana, casi todos los grupos políticos, sectores sociales y culturales interesados e, incluso, algún sector universitario a quien no les gusta su historia verdadera, tergiversan con dossiers, con informes y reportajes aprovechados tras los últimos hallazgos en Santes Creus. No deseo dar aquí una clase magistral de historia de la Corona de Aragón, pero sí quiero aclarar y matizar, con sencillez y pocas palabras, algunos conceptos de la realidad histórica de la Corona de Aragón.
Tras los esponsales de Petronila, hija de Ramiro II el Monje, con el conde barcelonés Ramón Berenguer IV, el año 1137, se origina la Corona de Aragón. Este reino, Aragón, fue el primero en el orden cronológico y eso le supuso el poder iniciar una seriación numérica de reyes en esa Corona de Aragón. Por ello, desde ese momento, todos los reyes de la Corona se nominarán con el ordinal que les corresponde como reyes de Aragón.
Hay que recalcar que esa unión fue dinástica. Desde ella se organiza un proceder ordinal en sus reinados y reyes.
Pedro III el Grande –su verdadero e histórico orden cronológico- tenía como sobrenombre el de rey de Aragón, rey de Valencia y conde Barcelona, tal como lo manifestó su padre Jaime I en el testamento del 21 de agosto de 1262. Nunca se documenta como rey de la corona catalanoaragonesa, pues no ha existido ni existe en la realidad histórica de los territorios de la Corona de Aragón. Una Corona, por sus diversos espacios, lugares, poblaciones y territorios (reino de Aragón, reino de Valencia, reino de Sicilia, reino de Mallorca, señorío de Montpellier, condados de Barcelona, condado de Urgel, condado de la Cerdaña, condados de Rosellón, Colliure, Conflent, Vallespir y Cerdeña) que comparte unas formas culturales variadas, una administración diversa y que cuando funciona a niveles internos ordena sus reyes, según su tracto histórico: Pedro II en el Condado de Barcelona,-nunca como corona catalanoaragonesa-; Pedro I en Valencia; sin obviar que ese rey , Pedro III, es el rey de toda la Corona de Aragón.
Quiero reseñar que hablar de Corona Catalanoaragonesa o enumerar y citar Reyes de Cataluña es enmarcarse al margen de la realidad histórica- se empiezan a marginar a mitad del siglo XIX. Están olvidando el pasado común de la Corona de Aragón, porque no les interesa analizar, estudiar e investigar en las bases documentales de un pasado común, dejando de lado falsas interpretaciones. Están propiciando la oferta, a las actuales y venideras generaciones, alteraciones históricas que serán difíciles de recuperar.

VIDAL MUÑOZ GARRIDO *

* Catedrático de Historia Medieval en el Campus de Teruel y Cronista Oficial de la Ciudad de Teruel

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